Roberto Iotti


  • Date Added: viernes, 1 junio 2012

Su vocación con la nefrología, comienza con las autopsias que tenía que realizar cuando entró como ayudante en la II cátedra patología, cuyo titular era José Lorenzo Monserrat, uno de mis maestros, habiendo sido alumno en 1959 al 1962. Las autopsias tenían mucho auge en ese momento, y nos mantenían en contacto con los jefes de cátedra de los distintos hospitales como los ateneos en el Hospital de Clínicas, me acuerdo la cuarta cátedra con Fustinoni, Gotta en la sala 9, Casanegra en la tercera, en pediatría Felipe Elizalde, en el cual uno de los pediatras era Carlos Cambiano, que hacía las biopsias renales; la cátedra era la fuente de biopsias y autopsias que venían a la Cátedra de Anatomía y fueron despertando mi interés. En esa época, hacíamos muchas autopsias de pacientes que se morían en insuficiencia renal crónica, no existía el trasplante, me había impactado que muchos eran individuos jóvenes de mi edad, 22 a 23 años. Los que con sus 20 años se hacían la primera revisación médica, quien les encontraba hipertensión arterial, uremia y terminaban internados en el hospital donde fallecían de síndrome urémico sin que existiera en aquella época ningún tratamiento. La prueba del impacto que todo esto me produjo, está en el tema de mi primer trabajo científico, “Lesiones orgánicas en los pacientes urémicos”, tomamos 100 pacientes fallecidos con insuficiencia renal crónica, (la mayor parte se diagnosticaban como pielonefritis crónica, tal vez muchas mal diagnosticadas), y veíamos que lesiones había: neumonitis, pericarditis urémica, colitis urémica, hiperplasia de paratiroides secundaria, hicimos una estadística de frecuencia de cada una de las lesiones. Ahí empezó mi real interés que luego se incrementó con las biopsias renales, año 1962 cuando las biopsias toman auge en el Hospital de Clínicas, las hacía Miguel Nadal, Hugo Puddú en la cátedra de Casanegra, en pediatría las hacía Carlos Cambiano, llegaban a la cátedra de Monserrat varias de ellas, no todas, algunas cátedras tenían su patólogo, por ejemplo, Ibarra en la sala cuarta de Fustinoni, en la de Casanegra estaba Francisco Celeste, que fue luego jefe de Anatomía Patológica del Hospital Rofo, dedicándose luego a la patología oncológica.

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